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En esta época de confinamiento, sólo confinamos el cuerpo. Traspasamos las fronteras materiales del lugar que estamos obligados a habitar y nos expandimos en un laberinto en el que el espacio y el tiempo se vuelven puro extrañamiento. Devenimos contemplación y especulación que se transforma en producción. Encerrados en una nueva cotidianeidad, cumplimos esos deseos que en épocas a las que ya nos estamos desacostumbrando, casi nunca encuentran su tiempo.

 

ANKARA | ARGENTINA